Se utiliza nuevamente el concepto marxista de Ideología para analizar los medios. Podemos decir que la ideología, y fundamentalmente sus formas actuales de producirse y trasmitirse no son las mismas que analiza Marx en la Ideología alemana, aunque allí encontremos elementos centrales para el análisis. En la comprensión de estos fenómenos nos ayuda mucho el marxista Adorno sobre todo con su invención del concepto de industria cultural el cual no podía existir en Marx puesto que no se había instalado la producción y el consumo de la industria de cultura de masas.
Nos dice Ludovico Silva: la Industria cultural “es una industria material, como cualquier otra industria capitalista, con sus relaciones de producción y plusvalía material: una de las ramas del capitalismo contemporáneo. Pero además es cultural,: se dedica a la producción de toda suerte de valores y representaciones (imágenes) destinadas al consumo masivo, o sea: es una industria ideológica, productora de ideología en sentido estricto, destinada a formar ideológicamente a las masas: dotarlas de imágenes, valores, ídolos, fetiches, creencias, representaciones, etc. que tienden a preservar el capitalismo” (La plusvalía ideológica p. 233)
Una revolución que ignora la importancia de la industria cultural interna y externa y no la sustituye o confronta de alguna manera es una revolución limitada a mejorar lo existente, pero nunca podrá cambiar las maneras de pensar de la gente que está haciendo la revolución y por ende será cuesta arriba transformar las estructuras materiales de una sociedad. En el mejor de los casos, a esa gente se le dificultará comprender los cambios impulsados debido a la preservación casi natural de las formas de vida capitalistas impulsada por la ideología campante. En el peor caso comprará la satanización fabricada por la reacción.
La ideología hegemónica en nuestro país sigue siendo impulsada por las grandes familias propietarias de la industria cultural. Lo más paradójico, es que, debido a los cambios realizados en la revolución sufrimos, por primera vez en nuestra historia, de un monopolio de la industria cultural. Nos referimos a Venevisión y al emporio Cisneros, quien después de la suspensión de RCTV y de la parcial obstrucción a la producción cultural de la familia Phelps, es casi el único actor privado en cuanto a la promoción musical, artística y cultural y sobre todo en cuanto al consumo cultural de las mayorías (todos los estudios ubican la preferencia de Venevisión por parte del público en cerca de un 60% (según fuentes de la encuestadora AGV pagada por el MINCI).
Pero hay algo más paradójico, aunque no por esto casual, y es que el principal público al que se dirige esta emisora y todo su potencialidad cultural (telenovelas, miss venezuela, promoción musical, informativo) es al público de los sectores populares del país, es decir, a ese que cree y que activamente ha defendido a Chávez y al proceso de cambios que se vive en Venezuela. Es decir, la misma gente de los sectores populares, chavistas o potencialmente chavistas y que ocupa un porcentaje superior al 60% de los habitantes del país, son los que consumen varias horas diarias la propuesta estética, política y cultural de la familia Cisneros.
Y noche a noche la telenovela, y año a año el Miss Venezuela, y domingo a domingo las películas gringas y tarde a tarde las series sifrinas juveniles, y fin a fin Sábado Sensacional. Alto registro de ingesta ideológica. El público popular, el mismo que vota por Chávez, consume lo más representativo del modelo de vida que el capitalismo está vendiendo. ¿cómo podemos avanzar en los cambios revolucionarios necesarios para trascender al socialismo si los actores sociales que deben hacerlo, sobre todo los jóvenes, no tienen otra opción que la de la familia Cisneros y ahora la Camero?
Mientras esto sucede los ideólogos, políticos, comunicadores y programas televisivos y radiales del gobierno gastan largas horas y discursos en desmontar lo que Globovisión dice y hace. No insinúo que hay que dejar a los Zuloaga a sus anchas, pero sí que los públicos populares, esos que deberíamos privilegiar debido a su protagonismo en el accionar de los cambios, no están viendo Globovisión cuya audiencia se reduce a los sectores medios y altos con mayor interés en la política (6% según AGV). Es decir, las comunicaciones del proceso están dirigidas a desmontar las informaciones que producen los pitiyanquis para el público pitiyanqui pero no desmontan la comunicación que dirige el mayor emporio capitalista nacional a los sectores populares, que, valga recordar, son los que deciden la rapidez de los cambios sociales y también los procesos electorales. Dichos programas y canales enteros del Estado no producen ni cultural ni comunicacionalmente nuevas maneras de pensar, nuevas mentalidades, nuevos valores, nuevas maneras de criticar la sociedad capitalista existente y que tengan real acogida en los sectores populares. Esto debe hacerse ya no solo con informaciones políticas sino con telenovelas tal como ha pedido Chávez, con programación dirigida a los jóvenes, con agitación cultural, con guerrilla comunicacional, con la promoción de la música que está haciendo nuestro pueblo y que pueda hacerle frente a la que nos llega constantemente de afuera. Este es uno de los mayores desfases con que cuenta actualmente el proceso revolucionario, y es, a nuestro entender, una de las causas que puede explicar la disminución en la intención del voto que ha registrado el chavismo en las últimas tres elecciones. El Estado venezolano no se ha preparado para confrontar al capitalismo allí donde es más duro: en la trasmisión ideológica. No ha preparado contenidos que logren hacer comprender al pueblo la realidad venezolana sino que le deja todo el trabajo a las alocuciones presidenciales desde donde se hacen enormes esfuerzos para trasmitir y procesar información y valores.
Ahora bien, Venevisión, léase los Cisneros, no se descuidan con el tema de la información. Es decir, mientras poseen todo un gran público pendiente de toda su programación diversa dirigida a toda la familia y mientras ofrece propuestas culturales supuestamente apolíticas, ya sabemos que no lo son, vende una idea de información objetiva y neutral que pretende posicionarse ante ese público que no es políticamente activo, que recoge los públicos menos politizados tanto del chavismo como de la oposición además de ese sector tan importante electoralmente como son los llamados ni-ni. Es decir, Venevisión no sólo vende ideología y cultura hegemónica en su programación masivamente consumida, sino que se erige como el arbitro del conflicto político-mediático venezolano vendiendo pretensiones de neutralidad y objetividad muy bien trabajadas y promocionadas que pueden terminar decidiendo en mediano y largo plazo la dirección del proceso político o su eliminación gradual. Lo grave es que dicha estrategia es aplaudida públicamente por altos personeros del Estado en su espacio Dígalo ahí, donde el chavismo oficial y la oposición se enorgullecen de ser de la Venevisions family.
Así que tenemos un emporio cultural con alto nivel de aceptación, en medio de un proceso revolucionario de cambio, en medio de nuestra propuesta socialista. Se entiende que la idea no es, actualmente, borrar de un plumazo dicho emporio. Pero al menos debemos comenzar a conformar los contenidos, los medios, las prácticas culturales que lo van a sustituir porque su éxito está en la producción de contenidos culturales masivos y, con los actuales avances tecnológicos sabemos que el que deje de salir al aire no implica que la gente deje de consumirlo. Ese es el reto de la cultura chavista para los próximos años. Producir cultura popular que guste a los sectores populares, hecho por los sectores populares de manera que se garantice que los contenidos producidos socialicen los nuevos y viejos (pero nuestros) valores socialistas. Esa es la única salida revolucionaria. En este tema el proceso revolucionario aún lleva la dirección contraria.
jueves, 21 de enero de 2010
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